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México: La 'Guerra Eterna' contra el Narco que Transformó el Paisaje Criminal en un Hydra Sangrienta

Redacción Que Onda Salta 10 Jul, 2026 - 20:52 hs.
México se encuentra inmerso en una contienda que ya se extiende por dos décadas, una batalla implacable contra el narcotráfico que ha redefinido su geografía criminal. La denominada "Estrategia Kingpin", enfocada en la captura y eliminación de los líderes más prominentes del crimen organizado, ha dejado un rastro de más de un centenar de redes fragmentadas, operando con ferocidad en prácticamente cada rincón del vasto territorio mexicano. La evidencia más reciente de esta ofensiva llegó el pasado 22 de febrero de 2026, cuando el Ejército mexicano asestó un golpe contundente que resultó en la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, la figura central del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en un operativo en Tapalpa, Jalisco.

La caída de “El Mencho” fue rápida y caótica, durando apenas minutos y dejando un saldo de cuatro miembros del CJNG fallecidos y tres soldados heridos. El propio Oseguera Cervantes, objetivo principal de México y por cuya cabeza Estados Unidos ofrecía una recompensa de 15 millones de dólares, sucumbió durante su traslado aéreo a la Ciudad de México. Este evento, aunque impactante, es solo el capítulo más reciente de una ofensiva militarizada que cobró impulso en 2006. Fue en aquel año cuando la Guardia Costera de Estados Unidos detuvo a Francisco Javier Arellano Félix, cofundador del Cártel de Tijuana, en aguas de Baja California Sur, siguiendo la estela de la caída de sus hermanos Ramón, asesinado en 2002, y Benjamín, detenido el mismo año.

Los años subsiguientes marcaron una serie ininterrumpida de golpes estratégicos. En 2009, Arturo Beltrán Leyva fue abatido en Cuernavaca, y ese mismo año Vicente Carrillo Leyva, heredero del Cártel de Juárez, fue capturado. El 2010 resultó ser particularmente prolífico en detenciones y decesos de alto perfil: Edgar Valdez Villarreal, “La Barbie”, sicario de la Organización Beltrán Leyva, cayó en el Estado de México; Ignacio “Nacho” Coronel murió en Guadalajara, un hecho que, paradójicamente, aceleró la escisión que daría vida al propio CJNG; y Antonio Cárdenas Guillén, “Tony Tormenta”, perdió la vida en Matamoros. Este patrón de descabezamiento continuó, desdibujando las estructuras tradicionales del crimen organizado y propiciando su alarmante atomización.

La estrategia no mostró signos de tregua en los años posteriores. En 2011, José Jesús Méndez Vargas, “El Chango”, de la Familia Michoacana, fue detenido. El 2012 significó el golpe final a Los Zetas como entidad unificada, con la muerte de Heriberto Lazcano, “Z3”, y la captura de Iván Velázquez Caballero, “El Talibán”, y Jorge Eduardo Costilla Sánchez, “El Coss”. La lista de capos caídos se engrosó con nombres como Miguel Ángel Treviño, “Z40”, Mario Ramírez Treviño, “X20” (2013), Nazario Moreno González, “El Chayo”, Vicente Carrillo Fuentes, “Virrey”, y Héctor Beltrán Leyva, “El H” (2014). Aunque los líderes cayeron uno tras otro, el resultado no fue el debilitamiento, sino una expansión incontrolable: InSight Crime señala que el número de grupos armados se disparó de unos 75 en 2009 a más de 200 en 2020, un verdadero "efecto hidra" donde cada cabeza cortada da origen a múltiples ramificaciones más violentas y descentralizadas.

La presión continuó incansable en años más recientes. En 2015, Servando Gómez, “La Tuta”, Alejandro Treviño Morales, “Z42”, y Abigael González Valencia, líder de Los Cuinis, fueron capturados. El 2016 marcó la tercera detención de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, en Los Mochis. El 2017 vio la captura de Dámaso López Núñez, “El Licenciado”, y el abatimiento de Juan Francisco Patrón Sánchez, “H2”. Más recientemente, en 2020, cayó José Antonio Yépez Ortiz, “El Marro”; en 2022, Rafael Caro Quintero; y en 2023, Ovidio Guzmán López, uno de los "Chapitos". Estos golpes, sumados a las recientes capturas de Audias Flores Silva, “El Jardinero”, y operadores financieros como “El Güero Conta” y “R9” tras la muerte de "El Mencho", revelan una constante: la desaparición de un líder casi siempre precipita una violenta reorganización interna y una sangrienta disputa por el poder, como lo demuestra la escalada de homicidios en Sinaloa, que pasó de 44 en agosto de 2024 a 142 en septiembre del mismo año, acumulando 1.657 muertos en 2025.

Hoy, el panorama de los cárteles principales es uno de fractura y sucesión. Tras la muerte de “El Mencho”, el CJNG opera bajo el mando de su hijastro, Juan Carlos Valencia González, “El 03”, según confirmaron importantes medios internacionales, flanqueado por figuras como Gonzalo Mendoza Gaytán, “El Sapo”, Abraham Jesús Ambriz, “Yogurt”, y Ricardo Ruiz Velasco, “Doble R”. Por su parte, el Cártel de Sinaloa sigue fragmentado por el conflicto entre los hermanos Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, los "Chapitos", y la facción "Mayiza", liderada por Ismael Zambada Sicairos, “Mayito Flaco”, hijo de “El Mayo” Zambada, quien aún permanece prófugo. También sigue activo Fausto Isidro Meza Flores, “Chapo Isidro”, líder de la Organización Meza Flores, un personaje que figura entre los más buscados por el FBI.

La implacable estrategia de descabezamiento, lejos de desmantelar el crimen organizado, ha propiciado su alarmante metamorfosis. La lección de estas dos décadas es cruda y clara: si bien los grandes capos caen, el complejo entramado criminal de México no hace más que adaptarse, fragmentarse y resurgir con una ferocidad aún mayor, dispersándose en una miríada de grupos más pequeños y violentos que mantienen al país en una espiral de conflicto que parece no tener fin. La "guerra" continúa, pero su naturaleza ha cambiado drásticamente, presentando desafíos aún mayores para la seguridad y la paz en la nación.

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