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Educador Canino Revela: Tus Caricias Podrían Estresar Más de lo Que Creés a Tu Perro

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Redacción Que Onda Salta 10 Jul, 2026 - 23:12 hs.
En la íntima relación entre humanos y perros, las muestras de afecto a través del contacto físico son consideradas un pilar fundamental para fortalecer el vínculo y brindar seguridad a nuestras mascotas. Sin embargo, lo que para nosotros es una expresión natural de cariño, para nuestros compañeros caninos podría ser, en muchos casos, una fuente insospechada de tensión y estrés. Un reconocido educador canino ha puesto el foco en esta paradoja, invitando a repensar la forma en que interactuamos con nuestras mascotas para asegurar su verdadero bienestar.

Esteban Navas, un especialista en comportamiento animal cuya voz resuena con fuerza en plataformas digitales, advierte que una práctica tan extendida como las caricias indiscriminadas puede resultar contraproducente. "Vamos a hablar de una de las cosas que más estresan a los perros y que la gran mayoría de las personas piensan que es buena. Y esa cosa son las caricias", sentencia Navas con una perspectiva que no busca eliminar el contacto, sino transformarlo, entendiendo que el objetivo primordial de una caricia debe ser inducir la calma y la relajación en el animal, no la sobreestimulación.

El experto subraya la crucial diferencia entre una caricia tranquilizadora y una interacción agitada. Aquellos gestos efusivos, a menudo acompañados de exclamaciones como "¡Ay, mi gordi!", que los humanos percibimos como un juego o una demostración de afecto desbordante, son para el perro una fuente directa de excitación y, en consecuencia, de estrés. Este tipo de contacto, lejos de ser inofensivo, puede generar o potenciar problemas de comportamiento preexistentes. Navas advierte que "si tu perro tiene problemas de comportamiento o está en camino de tenerlos, me da igual cuál sea… va a potenciar ese problema de comportamiento". Esto incluye desde la ansiedad por separación y el ladrido excesivo en la calle, hasta tirones de correa persistentes, manifestaciones comunes de un estado de alteración.

La clave, según Navas, reside en la sutileza y en la observación atenta de las reacciones del animal. Las caricias deben ser suaves, pausadas y dirigidas a zonas que el perro disfrute, siempre con el propósito de "bajar la activación" y favorecer un estado de bienestar. Inducir a la calma es la consigna, ya que no todos los perros poseen la misma capacidad para gestionar la excitación y el estrés. Una interacción consciente y empática se vuelve fundamental para evitar que una muestra de cariño se convierta en un factor desestabilizador, dificultando la capacidad del animal para procesar su entorno y emociones.

En definitiva, la relación entre humanos y perros se enriquece exponencialmente cuando aprendemos a decodificar sus señales y a adaptar nuestras acciones a sus necesidades específicas. El llamado de Esteban Navas es a la reflexión: nuestras caricias, aunque bienintencionadas, requieren un enfoque más consciente y estratégico. Al prestar atención al *cómo* y al *porqué* de cada contacto físico, los tutores podemos asegurar que nuestras muestras de afecto realmente contribuyan a la felicidad y equilibrio de nuestros fieles compañeros, transformando un simple gesto en un verdadero acto de amor y comprensión mutua.

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