Música

El Regreso Triunfal de Serú Girán: Lebón y Aznar Desafían al Tiempo en Una Noche Legendaria

Redacción Que Onda Salta 10 Jul, 2026 - 23:14 hs.
Buenos Aires fue testigo de una noche que quedará grabada en la historia del rock argentino. El viernes 19 de junio, David Lebón y Pedro Aznar se reencontraron sobre el imponente escenario del Movistar Arena, marcando así el esperado regreso de Serú Girán. Fue el puntapié inicial de una serie de cinco conciertos con localidades completamente agotadas, donde la banda más icónica del país demostró que su música trasciende generaciones. Durante casi dos horas, el público se sumergió en una experiencia profunda y emotiva, una prueba irrefutable de que el arte creado con el corazón, lejos de la frialdad de las máquinas, aún posee el poder de detener el tiempo y llenar de autenticidad cada rincón del alma. La ausencia física de Charly García y el recuerdo palpable del inolvidable Oscar Moro se hicieron sentir, sus espíritus sobrevolando cada acorde y cada estrofa, convirtiendo la velada en un verdadero homenaje.

Antes de que las luces se apagaran y la magia comenzara, el Movistar Arena bullía con una expectativa electrizante. Un cóctel previo reunió a un sinfín de personalidades de la cultura y el espectáculo, deseosas de ser parte de este evento histórico. Figuras como Lali Espósito, Nito Mestre, Sandra Mihanovich, Lalo Mir, Cecilia Roth y Gastón Pauls, entre muchos otros, daban cuenta de la magnitud del acontecimiento. A las 21:10, la oscuridad invadió la sala, y con ella, la aparición de Lebón y Aznar, que se encontraron en el centro del escenario para un abrazo que lo dijo todo. “Bueno, llegamos”, pronunció David, y la ovación del público, una mezcla vibrante de padres e hijos y una mayoría nostálgica de más de cinco décadas, estalló sin tregua, convirtiéndose en el telón de fondo de una noche inolvidable.

El concierto arrancó con una intimidad conmovedora: “Parado en el medio de la vida”, interpretada por los dos genios en solitario, con la pureza de sus voces e instrumentos como único adorno. Un inicio que delineó el tono de una velada despojada y directa al corazón. Poco después, la intro de “La Grasa de las Capitales” y el ritmo contagioso de “Frecuencia Modulada” anunciaron la entrada de la banda completa: Federico Arreysegor en teclados y voces, Fernando Cosenza en guitarras, Matías Sabagh en batería y Fermín Ferraris también en teclados. Pedro Aznar, con su habitual elegancia, los presentó uno a uno. Luego, David Lebón, con la voz quebrada por una emoción que no lo abandonaría en toda la noche, compartió un momento de profunda gratitud: “Quiero agradecer a Pedro, él fue el que juntó a esta gente atrás mío. Trabajaron como locos desde el primer día. Yo necesito decirles a todos ustedes que han pasado muchas cosas desde que nací, y nunca me imaginé que a los 74 años iba a llenar estadios”. La sala entera, conmovida, respondió con un abrazo colectivo en forma de aplauso atronador.

El repertorio fue un viaje exquisito por la discografía de Serú, un balance sorprendente que honró cada etapa. Desde el álbum debut de 1978, resonaron “El mendigo en el andén” y el himno imperecedero “Seminare”. De “La Grasa de las Capitales” (1979) se desprendieron joyas como “Perro Andaluz” y “Viernes, 3AM”. “Bicicleta” (1980) aportó la icónica “Canción de Alicia en el país” y la desgarradora “Desarma y sangra”. De “Peperina” (1981) llegaron “Cinéma Verité” y la propia “Peperina”, mientras que el regreso de Serú ’92 trajo temas como “Nos veremos otra vez” y “Déjame entrar”. Cada interpretación estuvo cargada de simbolismo: la voz de Lebón se quebró hasta casi las lágrimas en “Nos veremos otra vez”, Aznar cantó “la policía” sin eufemismos en “Canción de Alicia”, y la palabra “huevos” en “Peperina” resonó sin censura, generando un suspiro de alivio histórico en el público. La maestría de Aznar con su bajo fretless en “Noche de Perros” y el rugido de la Gibson de Lebón demostraron que su virtuosismo sigue intacto.

Los momentos más emotivos no se hicieron esperar. Tras la última nota de “Desarma y sangra”, un grito espontáneo brotó de la multitud: “¡Gracias, Charly!”. Lebón asintió, visiblemente conmovido, mientras en las pantallas desfilaban imágenes de Charly García y de Oscar Moro, un recordatorio constante de su presencia invisible. La ovación se extendió, prolongando un instante de pura conexión. Más adelante, los “momentos solistas” permitieron a David Lebón compartir “En la vereda del sol”, con anécdotas sobre su creación con Charly y la mención de sus diez nietos, revelando un artista pleno y sin nostalgias. Pedro Aznar, por su parte, interpretó “Déjame entrar” y antes de “Uno en uno”, confesó a Lebón que había soñado esa canción con su voz, y la emoción fue palpable cuando la escuchó tal como la había imaginado. El segmento central concluyó con la aparición estelar de Juanito Moro, hijo de Oscar Moro, quien se sentó a la batería. Su interpretación en “Cuánto tiempo más llevará” y “No llores por mí, Argentina” fue un torbellino de emociones, la viva imagen de la historia de Serú Girán latiendo con sangre nueva y honrando un legado inmortal.

El cierre de la noche, con “Peperina” y un emotivo “Seminare” como bis, desató el ritual colectivo del “oh, oh, oh, oh, oh” que ha trascendido décadas. Miles de linternas de celulares reemplazaron a los viejos encendedores, iluminando la comunión entre la banda y su gente. A las 23:07, Lebón selló la noche con un “Todo el amor para ustedes”, dejando a miles de almas con los ojos húmedos y la certeza de que ciertas verdades, cuando son genuinas, jamás desaparecen del todo. El espíritu de Charly y Moro había estado allí, Juanito había tocado donde su padre, y David y Pedro, a sus 74 y 66 años, habían entregado el alma sin reservas. El Movistar Arena se fue a casa feliz, sabiendo que la magia de Serú Girán sigue intacta, desafiando al tiempo y a la nostalgia. La gira continúa, con fechas ya agotadas en Buenos Aires y otras ciudades como Córdoba, Rosario, Mendoza y Mar del Plata, prometiendo seguir encendiendo la llama del rock nacional.

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