Internacional

El Legado Inmortal: Rosas y Poemas Reafirman la Presencia Eterna de Borges en Ginebra

Redacción Que Onda Salta 17 Jun, 2026 - 06:07 hs.
En un domingo inusual en Ginebra, donde el murmullo habitual de la Ciudad Vieja cedía ante la tranquilidad de una jornada dedicada a la memoria, el cementerio de Plainpalais se convirtió en epicentro de un conmovedor homenaje. Cuarenta años después de su partida física, la figura monumental de Jorge Luis Borges resurgió con fuerza, encarnada en el delicado vuelo de rosas amarillas y la resonancia de sus versos más profundos. Este 14 de junio, un selecto grupo de admiradores y eruditos se congregó en torno a su tumba, reafirmando una verdad ineludible que el propio maestro anticipó: el olvido no existe para quienes, como él, esculpieron la eternidad con palabras.

La conmemoración de estas cuatro décadas sin el más universal de los escritores argentinos no fue un acto meramente protocolario, sino una íntima reunión de espíritus afines. Organizado por personalidades como los coleccionistas Alejandro Roemmers y Alejandro Vaccaro, la asociación suiza Los Conjurados, la cátedra Vargas Llosa y la Maison Rousseau, el evento atrajo a cerca de treinta personas, entre las que destacaron el renombrado escritor Alberto Manguel y la especialista en Borges, Annick Louis. Representantes de la Embajada Argentina en Suiza y de la propia ciudad de Ginebra también depositaron coronas, sellando así un tributo que trascendía fronteras y generaciones, uniendo la ciudad que lo vio morir con su Argentina natal a través del hilo indestructible de su obra.

La atmósfera se cargó de emotividad a medida que los oradores compartían reflexiones y lecturas, alternando el castellano con el francés. Roberto Alifano, quien fuera la voz de Borges durante su ceguera, abrió el ciclo con un breve y conmovedor haiku. Luego, Raúl Tola, director de la Cátedra Vargas Llosa, evocó la compleja relación de Mario Vargas Llosa con la obra borgeana, reconociendo su admiración. Sin embargo, fue Annick Louis, la profesora de literatura nacida en Argentina, quien conmovió al público al recitar en francés un fragmento del poema "Ewigkeit", cuyas célebres líneas "Sé que una cosa no hay. Es el olvido" resonaron como un eco profético sobre la propia tumba del escritor, confirmando la inmortalidad de su legado.

El homenaje continuó con la intervención de Alejandro Vaccaro, autor y presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, quien eligió un poema de profunda carga emocional: "El remordimiento". Vaccaro contextualizó la elección, explicando que Borges lo escribió tres días después de la muerte de su madre, reflexionando sobre el "peor de los pecados: no haber sido feliz". La lectura de versos como "Me legaron valor. No fui valiente" dejó una impresión agridulce, un recordatorio de la humanidad detrás del genio. Acto seguido, con su habitual elegancia, Alberto Manguel, quien en su juventud fue lector de Borges, también eligió compartir el mismo soneto en francés, reforzando la universalidad de ese sentimiento tan íntimo.

Pero el momento más sublime y sorprendente aún estaba por llegar. De manera inesperada, desde un discreto parlante ubicado junto a la lápida, surgió la inconfundible voz del propio Jorge Luis Borges. Recitando su poema "Everness", el aire se llenó de su cadencia única, culminando con una ligera variación del verso central: "Solo una cosa no hay. Es el olvido." Este instante mágico, casi místico, cerró el homenaje de forma magistral, transformando un mero recuerdo en una presencia vívida. Cuarenta años después, en medio de rosas amarillas que volaban con el viento, la voz de Borges reafirmó que, para sus incontables lectores y admiradores en todo el mundo, su espíritu y su obra siguen siendo una fuerza presente e inolvidable.

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