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Gigante del Paraná: Una Raya de Agua Dulce Asombra a la Ciencia con un Viaje de 170 KM

Redacción Que Onda Salta 12 Jul, 2026 - 00:09 hs.
Una revelación sin precedentes en las profundidades del majestuoso río Paraná ha capturado la atención de la comunidad científica y de los amantes de la vida silvestre. Un estudio innovador, liderado por investigadores del CONICET, ha documentado el desplazamiento más extenso jamás registrado para una raya de agua dulce: una hembra de *Potamotrygon brachyura* que recorrió la asombrosa distancia de 170 kilómetros. Este hallazgo no solo redefine lo que se sabía sobre la movilidad de estas especies, sino que también tiene profundas implicaciones para su conservación y el manejo de los ecosistemas fluviales en toda nuestra región.

El estudio, publicado en la prestigiosa revista *Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems*, detalla cómo esta ejemplar, que al momento de ser marcada medía 74 centímetros de ancho, fue recapturada 292 días después a una distancia formidable de su punto inicial en el bajo Paraná. Hasta ahora, el consenso científico indicaba que las rayas estrictamente de agua dulce realizaban movimientos acotados, generalmente no mayores a ocho kilómetros, incluso en períodos de observación de hasta un año. El trayecto de nuestra protagonista del Paraná es, por tanto, 21 veces superior a cualquier registro previo, un verdadero hito que abre un nuevo capítulo en la ecología de los elasmobranquios fluviales.

Los autores de esta trascendental investigación, Diego Martín Vázquez y Luis Lucifora, ambos investigadores del Instituto Nacional de Limnología y del CONICET, expresaron su sorpresa ante la magnitud del descubrimiento. “Nos sorprendió la magnitud del movimiento. Esto muestra que al menos algunas especies, las más grandes, pueden moverse distancias mucho mayores a lo largo de los sistemas fluviales, de lo que se asumió previamente”, explicó Vázquez. Esta observación sugiere que la falta de registros y las limitaciones en el seguimiento de animales en ambientes tan vastos como el Paraná podrían haber subestimado significativamente la capacidad de desplazamiento de estas criaturas, un punto crucial para entender su verdadera ecología.

Las implicaciones de este descubrimiento son vastas y directas, especialmente para las estrategias de manejo pesquero y la protección de hábitats. Si las rayas gigantes, como la *Potamotrygon brachyura* –una especie que puede alcanzar los 1,8 metros de ancho y superar los 200 kilogramos, y que además está categorizada como “Vulnerable” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza– se mueven cientos de kilómetros de forma regular, los enfoques de conservación basados en límites administrativos o pesquerías locales resultan insuficientes. Lucifora advirtió: “Manejar sus poblaciones a escalas locales puede no ser efectivo”, subrayando la necesidad de coordinación a la escala de sistemas fluviales, involucrando así a múltiples provincias y jurisdicciones.

Este estudio pionero se llevó a cabo en el bajo Paraná, uno de los últimos grandes ríos de América del Sur que aún conserva extensos tramos sin represas, una conectividad fluvial esencial que facilita estos movimientos de larga distancia. La colaboración invaluable de pescadores recreativos fue clave para la captura y recaptura de la raya, demostrando el poder de la ciencia ciudadana en entornos complejos. Este caso modifica radicalmente la idea aceptada sobre la ecología de movimiento de estos animales, planteando que las especies de gran tamaño podrían requerir escalas de protección comparables a las de tiburones y rayas que transitan entre ríos y mares, forzándonos a repensar cómo garantizamos la supervivencia de la megafauna dulceacuícola en un mundo cada vez más fragmentado.

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